El Ejército Nacional y Romeo Vásquez Velásquez
Rebeca Becerra
Tegucigalpa M.D.C agosto de 2009
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Nuestro ejército como en los años 80 está aferrado a una táctica
de lucha de avance sin retroceso, de defensa a muerte sin movimientos en ofensiva
a gran escala, es un ejército de arranque suicida. Fueron preparados para
invasiones mercenarias rápidas de pequeña y gran envergadura; los entrenaron
para la represión popular; para la lucha contra la insurgencia; lucha
antimotines; para sembrar el terrorismo en la población; para la investigación
política y psicológica; para practicar el crimen bajo un falso odio a un
enemigo fantasma; lo disciplinaron para morir bajo las consignas de
"lealtad, honor y sacrificio"; lo prepararon para obedecer y defender
los intereses extranjeros antes que luchar ardientemente por los intereses de
Honduras.
Es un ejército clasicista ya que su capacidad de defensiva y
ofensiva siempre ha estado disponible para defender los intereses de la
oligarquía comerciante, empresarial, terrateniente y transnacional que se
aglutina en la clase adinerada dueña del poder político y económico del país;
deformación nacionalista que viene perfeccionándose desde que las compañías y
emigrantes extranjeros invadieron nuestra patria (norteamericanos, alemanes,
árabes, italianos). El fragmentarismo ideológico y económico que hoy es más
evidente no es nuevo.
El ejército hondureño es portador de una mentalidad traumatizada
que debe ser cambiada y orientada a un enfoque conscientemente patriótico,
nacionalista, humanitario y altamente respetuoso de las leyes; si no nos
preocupamos por este cambio, siempre tendremos en este cuerpo armado una
amenaza latente a la estabilidad de la democracia.
Es indudable que existe en el alto mando militar mentes
perversas y resquicios de la "doctrina de la seguridad nacional", que
sumió a estos elementos en la funesta administración liberal de Roberto Suazo
Córdova y el liderazgo militar de Gustavo Álvarez Martínez. El general Romeo
Vásquez Velásquez actúa ni más ni menos como una copia a destiempo de Gustavo
Álvarez Martínez o quizás peor. A los dos los caracteriza: ser peones de la
oligarquía económica del país.
El servilismo y las ambiciones personalistas los obligan a odiar
ferozmente las clases pobres a las cuales hostigaron y hostigan de manera
criminal, al tener consciencia de su poder y alma de traidores. Se creen héroes
"anticomunistas" porque según ellos luchan contra el
"comunismo". La oligarquía económica y los medios de comunicación del
país les protege, en los 80 se denominó Alianza para el Progreso de
Honduras-APROH, hoy lo hacen descaradamente y todos sabemos sus nombres y
apellidos. Ambos generarles no tienen pasados limpios como cualquier
hondureño/a descendente que marcha por las calles del país.
Para lograr sus propósitos Álvarez Martínez organizó en el seno
de las fuerzas armadas su propia fuerza militar para que le fuera fiel y
servil, y repartió asensos militares necesarios. El general Romeo Vásquez
Velásquez según correo enviado por MUSUSU sigue los pasos de Gustavo Álvarez
Martínez al ascender "a oficiales que han tenido una trayectoria negra en
la vida militar pero han sido sus aduladores sin ninguna capacidad operativa.
Ejemplo: Oficial retirado Gerónimo Pérez, oficial Fuentes Gonzales, oficial Cuéllar,
oficial Padget, oficial Cervantes, Prince y contra-Almirante Rodríguez, hoy
todos ascendidos a generales" (Correo USUSU correo enviado el 30 de julio).
La estrategia de Gustavo Álvarez Martínez se extendió a la
Fuerza de Seguridad Pública, hoy Romeo Vásquez Velásquez hace lo mismo al
involucrar la Policía Nacional en su lucha según él "anticomunista".
Álvarez Martínez idiotizó al soldado con la consigna "no reír, no hablar,
no saludar", que tenía por objeto formar un soldado frío, indiferente,
despreciativo pero obediente a su superior. Esto indudablemente lo hemos visto
en elementos del ejército y lo peor de la policía nacional. Roberto Suazo
Córdova avaló las atrocidades cometidas por Gustavo Álvarez Martínez, sin
embargo logró perder el control sobre él. El gobierno de facto avala las
atrocidades de Romeo Vásquez Velásquez y éste a todas luces se le está saliendo
de control a Roberto Michelleti. Gustavo Álvarez Martínez se colocó por encima
del poder civil, este es el mismo camino que sigue Romeo Vásquez Velásquez.
Álvarez Martínez atacó a parte de la iglesia católica y trajo al
país una secta que fuera capaz de neutralizar las justas posiciones de reivindicaciones
sociales que la iglesia católica apoyaba, esta secta se llamó "Causa
Internacional". Parece que Romeo Vásquez Velásquez y los que perpetraron
el golpe de estado aprendieron de los errores de Álvarez Martínez y
convencieron al mayor representante de la iglesia católica Oscar Andrés
Rodríguez y a dirigentes de la iglesia evangélica. Álvarez Martínez y Roberto
Suazo Córdova dividieron espiritualmente al pueblo hondureño, dividieron la
iglesia católica, división que continúa evidenciándose.
Toda la estructura económica, política, militar y social
orgánicamente estructurada para la represión y el terrorismo de los años 80,
fue lanzada contra un pueblo indefenso trabajador que como hoy se debatía entre
el hambre y la miseria y no en ideales guerreristas que justificarán el
desaparecimiento, tortura y asesinato de líderes obreros, campesinos,
estudiantiles y profesionales.
No es justo ni cristiano que nuestro pacífico pueblo pague con
mucho esfuerzo un ejército y una policía para que le sirva de verdugo, para que
lo reprima, para que un campesino uniformado le quite la vida al mismo hermano
campesino que lucha por un pedazo de tierra; que un hermano uniformado
religioso le quite la vida a otro hermano cristiano; que un soldado hondureño
profesional le quite la vida a un maestro. Queremos un ejército nacionalista,
popular y progresista. Un cuerpo armado que genere patriotismo, dignidad y
honradez del cual podamos sentirnos orgullosos. Un cuerpo armado democrático,
incapaz de dejarse desorientar por influencias personalistas de falsos líderes
castrenses traidores y enemigos de la patria y el pueblo. De lo contrario
nuestras aspiraciones serán siempre frustradas, estarán siempre amenazadas,
vivirán siempre atadas a sentimientos que no nos pertenecen, sé que un buen día
nos sacudiremos la barbarie.
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